SECUESTRADA – LESZLI KALLI

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Por: Sara Jimena Santos M.

Leszli Kalli viajaba en el avión de Avianca que fue secuestrado por el ELN el 12 de abril de 1999. El diario que escribió durante los 373 días de cautiverio en las selvas del estado de Bolívar retrata una de las dimensiones de la guerra en Colombia. 

 

Bogotá estaba fría, a menos de 10 grados centígrados, temperatura lo suficientemente baja para castigar al tropical costeño que a sus perímetros llega. Pero el frío era lo menos importante. En el aeropuerto saltan a la vista las publicaciones que dan cuenta de una Colombia en guerra, pero también de un pueblo amante del fútbol.

 

Leszli Kalli, una estudiante colombiana que vivió la epopeya del secuestro del avión de Avianca y de su cautiverio, por más de un año, en manos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda fuerza guerrillera del país. Jugaban esa noche los equipos Millonarios y Santa Fe, en uno de los clásicos capitalinos que mayor fanaticada jala en todo Colombia.

 

El día siguiente, 9 de junio del 2000, en el poblado de La Chata, en medio de la sierra de San Lucas, dos jóvenes guerrilleros del ELN evaluaron el juego: ‘‘fue un partido malo, hubo muchas tarjetas y no hubo anotaciones’’. Ellos habían seguido el encuentro a través de un radio transitor. Efectivamente el partido fue calificado por la prensa como malo, sin goles y con dos expulsados en el segundo tiempo. En La Chata, ese día, el ELN liberaba al panameño Nicolás Pérez, secuestrado como Leszli en el avión de Avianca.

 

La historia de Leszli Kalli, además de reveladora, conmueve. A los 19 años, ella, una joven de Bucaramanga con deseos de conocer el mundo, mueve cielo y tierra para alcanzar su meta. Hizo rifas, bailes y cuanta actividad posible fuera necesaria para juntar el dinero que le permitiría irse por seis meses a un kibbutz en Israel. Su padre, un piloto de aviación, se oponía al viaje de aventura propuesto por Leszli; su madre, le daba el visto bueno.

 

El asunto fue que …

Leszli logró iniciar su viaje. El 12 de abril de 1999 abordó el vuelo del Fokker 50 de la compañía Avianca que la trasladaría de Bucaramanga a Bogotá, en donde, horas después, emprendería viaje hacia Madrid, rumbo a Israel. En realidad Leszli tenía miedo, se lo dijo a su madre la noche anterior a su partida. Días antes había soñado que cosas horribles le pasarían. Aún en el aeropuerto, su padre trató de persuadirla de que no viajara. Pese a todo ello, su meta la llamaba y ella no iba a defraudar sus deseos.

 

Tantas sorpresas esperaban a Leszli cuando el avión se elevó. Su padre, Laszlo Kalli, la acompañaba hasta Bogotá. Piloto es él, de Avianca, pero en ese vuelo no integraba la tripulación, simplemente acompañaba a su hija.  Bucaramanga había quedado atrás, los avisos de precaución se habían apagado. Hubo ruidos en la parte trasera del avión. Leszli miró, ‘‘quedé sin respiración: un tipo que se estaba poniendo una capucha le apuntaba al auxiliar en la cabeza con una pistola. Después de unos segundos se paró otro hombre que iba atrás, y que se haría a mi lado por el resto del trayecto. Otros dos hombres que estaban en el medio se pararon, y otro de la parte de adelante. Todos armados y con capuchas’’. El viaje de Leszli había cambiado de rumbo; había sido desviado hacia un destino desconocido.

 

El tránsito por el largo camino entre la pista lodosa del poblado de Simití, donde aterrizó la nave, y el destino del campamento donde vivirían por tiempo indeterminado, los hizo caminar por pantanos, navegar en chalupas y rodar en ‘‘camperos’’ o camionetas por sendas y poblados olvidados. Los viajeros estaban en manos y en territorios del ELN.

 

En alguno de esos caseríos se detuvieron a descansar, y los secuestradores les dieron papas de paquete, salchichas enlatadas, galletas, gaseosas y jugos. Después un comandante les habló: ‘‘Nosotros somos del Ejército de Liberación Nacional. Esto, compas, es una retención’’.

Los secuestradores no comunicaron el carácter del secuestro, no definieron si era de carácter económico o político. ‘‘Primero, es una retención y, segundo, no sabemos. Puede ser político o también puede ser económico… O pueden ser los dos. La verdad es que eso yo no lo sé. Pero sea lo que sea, esto no va a demorar mucho tiempo’’. Si la ‘‘retención’’ era económica, las cosas se tornarían difíciles para la mayoría de los pasajeros; en cambio si era político implicaba esperar que mediante la presión del hecho el Gobierno accediera a las peticiones del ELN. En ambos casos, contrario a lo que había dicho el comandante, no era ‘‘cuestión de un par de diítas’’.

Leszli estuvo secuestrada 373 días. Después de las largas caminatas, de las tensiones vividas y de la instalación en los ‘‘cambutes’’ del campamento, la joven consiguió papel y comenzó a escribir su diario; más tarde los guerrilleros del ELN le entregaron un cuaderno a cada uno de los secuestrados.

 

Instalados en el cambute ‘‘nos repartieron linternas, pilas, crema dental y cepillos de dientes. Después nos dijeron que pondrían la planta eléctrica para ver el noticiero. Así fue: vimos el noticiero, vimos dónde quedó el avión y nos pareció todavía más irreal. ¡Cuándo había de imaginarme que algún día sería parte activa de semejante noticia! Nunca veía noticieros, y ahora ver mi nombre en esa lista de personas me parecía bien raro’’.

 

Los primeros secuestrados que alcanzaron la libertad, entre ellos un niño de meses, algunos ancianos y personas bajo tratamiento pos-operatorio, fueron entregados a la Cruz Roja Internacional. La liberación de los otros ha sido lenta. Las frases de liberación eran: ‘‘los vamos a dividir en dos grupos, unos salen hoy mismo a caminar’’ y leían la lista. Los que se quedaban en el campamento serían liberados primero.

 

El 25 de abril de 1999, dividieron al grupo. Leszli, al igual que su padre, debían ir a caminar. Ella cuenta que su padre le dijo: ‘‘a los que se quedan los van a liberar primero. Dime si quieres quedarte’’. La joven le contestó: ‘‘Papá, aquí llegamos los dos y nos vamos los dos. Yo me voy, pero contigo. Espero que respetes mi decisión’’. Así fue, ‘‘le dio rabia, pero me entendió. Su gran preocupación era yo, pero para mí en ese momento él era mi todo’’. El último liberado fue el panameño Nicolás Pérez cuando el pasado 9 de junio, el comandante Pablo Beltrán lo entregó al defensor del pueblo Italo Antinori. Aún quedan cinco colombianos retenidos. 

 

En Colombia, un país que convive con la guerra, en la que múltiples fuerzas se baten a muerte, todos los bandos hablan de paz, aunque los pasos de las partes hacia la pacificación se han tornado lentos. Por ejemplo: el 7 de enero de 1999, el presidente Andrés Pastrana y la alta dirigencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la más grande fuerza guerrillera del país, firmaron el inicio de negociaciones de paz en San Vicente del Caguán.

Poco se ha avanzado; ahora las esperanzas están puestas en la reunión que el Gobierno y las FARC preparan para el próximo 3 de julio del 2000. Las FARC llevan la propuesta de canje de 520 soldados y policías que están en manos de esta organización por igual número de guerrilleros presos en las cárceles colombianas. El canje se haría con la participación del Comité Internacional de la Cruz Roja que los llevaría a un país neutral mientras se resuelve el conflicto armado.  

 

Por su parte, el ELN ha planteado a todos los sectores del país la necesidad de organizar una ‘‘convención nacional’’ como camino para buscar la pacificación del país; frente a esta propuesta el Gobierno decidió otorgarle reconocimiento político al ELN. Esta organización ha solicitado también la creación de una ‘‘zona de encuentro’’ entre el ELN y la sociedad colombiana (con la participación del Gobierno); pero no ha habido respuesta concreta de parte del Gobierno. 

 

Los nombres de los campamentos correspondían al número de secuestrados. Primero fue el ‘‘Campamento 32’’, después que los dividieron y que caminaron por varios días a través de la espesa selva, ‘‘llegamos a una casita muy linda’’, les facilitaron sábanas y comieron arroz, plátanos, frijoles, leche condensada y tomaron una naranjada.  

 

Prosiguieron el camino al día siguiente hasta que llegaron a un segundo campamento, todo lleno de fango, ‘‘al que bautizamos ‘Campamento 16’, pues éramos 16 personas las que allí llegamos. Era como esas tiendas que hacen en medio de la guerra para curar a los enfermos, muy parecidas todas. Nos acomodamos y después nos bañamos en la quebrada que era lo único lindo que tenía el campamento. Descansamos esa noche y al otro día nos levantamos un poco más tarde. Ya no teníamos que caminar. Hablamos con más tranquilidad’’, cuenta Leszli. 

El 7 de mayo de 1999, los reunieron y les dijeron: ‘‘los vamos a dividir en dos grupos de ocho. Los que voy a nombrar salen hoy mismo a caminar’’, entre ellos estaban Leszli y su padre…

No fue hasta el 19 de abril del 2000, cuando Leszli y Laszlo Kalli, junto a otros secuestrados alcanzaron la libertad. 

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